Hace 16 años, Simon Pierre (ahora en sus setenta y tantos) decidió ser un seguidor de Jesús. La gente de su aldea se ofendió gravemente por sus creencias y se opuso fuertemente a su nueva fe.
Su conversión le llevó a una vida de humillación, insultos, odio, aislamiento social y amenazas.
Hace unos años, los jefes locales de la aldea y los chamanes destruyeron todos sus cultivos. Este acto fue un duro golpe del que le costó recobrarse, ya que esos cultivos eran la única forma que tenía de ganarse la vida.
Los líderes de la iglesia realizaron rituales de brujería contra Simon Piere para provocar que los espíritus de la aldea lo mataran. Sin embargo, Dios protegió su vida e lo hizo capaz de soportar toda la presión.
Su mensaje de salvación junto con la persistencia a pesar de la oposición, tocó los corazones de muchas personas en la aldea, las cuáles decidieron dar el paso y seguir a Cristo.
Simon Pierre formó un grupo que poco a poco se convirtió en una pequeña congregación. Al cabo del tiempo había miembros suficientes como para que decidieran construir una iglesia. Todos ahorraron e invirtieron lo que pudieron para poder colaborar en la financiación de este pequeño lugar de adoración.